Parece que el chisme se esta volviendo comercial, y algunas personas no dudan en vender información confidencial, intima y de cuidado. Es lo que esta haciendo una joven striper, que no dudó en vender a un periódico los 200 mensajes eróticos que el ministro de Asuntos Exteriores, Ilkka Kanerva, le envió.
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